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Ideología

Manuel Morales, el mexicano que prefirió morir antes que renunciar a su fe

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ZACATECAS.- A cien años del inicio de la llamada Cristiada, la historia de San Manuel Morales, comerciante, esposo y padre de tres hijos, permanece como uno de los testimonios de la defensa de la libertad religiosa durante uno de los periodos más conflictivos entre el Estado mexicano y la Iglesia católica.

Manuel Morales nació el 8 de febrero de 1898 en Mesillas, municipio de Sombrerete, Zacatecas, y desde joven se trasladó a Chalchihuites, donde desempeñó distintos oficios y destacó como comerciante y panadero.

Contrajo matrimonio con Consuelo Loera, con quien tuvo tres hijos, y participó activamente en organizaciones católicas. Formó parte de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) y fue secretario de la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa (LNDLR).

En 1926, en medio del conflicto provocado por la aplicación de la llamada Ley Calles y la suspensión de los cultos públicos, Morales participó en movilizaciones y reuniones para defender la libertad religiosa, promoviendo inicialmente acciones de carácter pacífico.

El 14 de agosto de 1926, después de la detención del sacerdote Luis Bátiz, Manuel Morales participó en una reunión de fieles que buscaban exigir su liberación. Elementos federales irrumpieron en el encuentro y detuvieron a Morales junto con David Roldán y Salvador Lara.

Los detenidos fueron llevados junto con el sacerdote y, cuando aparentemente serían trasladados para ser juzgados, fueron conducidos hacia la zona del Puerto de Santa Teresa, donde serían ejecutados.

De acuerdo con el relato preservado sobre su martirio, el padre Luis Bátiz pidió que perdonaran la vida de Manuel debido a que tenía esposa y tres hijos pequeños que dependían de él.

Morales rechazó abandonar sus convicciones y pronunció una frase que posteriormente quedaría ligada a su memoria: “Yo muero, pero Dios no muere; Él velará por mi esposa y mis hijos”.

Finalmente, Manuel Morales fue fusilado el 15 de agosto de 1926, junto con el sacerdote Luis Bátiz y sus compañeros, en medio de la persecución religiosa que posteriormente desembocaría en la Guerra Cristera.

Décadas después, Manuel Morales fue beatificado el 22 de noviembre de 1992 y posteriormente canonizado por el papa Juan Pablo II en Roma, el 21 de mayo de 2000, junto con otros mártires mexicanos.

A cien años de aquellos acontecimientos, San Manuel Morales es recordado dentro de la Iglesia católica como mártir y defensor de la libertad religiosa, pero también por una característica particular de su historia: no era sacerdote ni religioso, sino un laico, trabajador, esposo y padre de familia.