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Así está reinventando Grecia su sector turístico

En torno a mediados de junio, una semana antes de que se reanudaran los vuelos internacionales a Grecia, Michael Ermogenis y otros vecinos de Santorini se reunieron para tomar su café diario en una panadería de la pintoresca aldea de Oia.

Aquella mañana, el silencio inundaba las calles vacías de piedra de la localidad, tal y como lo había hecho durante los últimos meses desde que Grecia puso en marcha estrictas medidas de cuarentena. Sin embargo, a diferencia de otros días, la conversación en la panadería se centró en la noticia de que había aparecido una pareja de turistas y su hija en la isla. Habían llegado en barco desde Francia y estaban alojándose en Oia.

El fenómeno era tan extraño que fue la comidilla de la localidad durante un par de días en una isla que suele recibir 2,8 millones de visitantes al año. «Así afectó el aislamiento a los vecinos, todo el mundo empezó a hablar de esas tres personas que habían llegado», afirma Ermogenis. Por lo que sabe, era los primeros visitantes extranjeros que habían pisado Santorini desde que Grecia salió del confinamiento el 4 de mayo; los primeros de muchos, deseaban los isleños.

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Con carteles y mascarillas, los guías esperan en el puerto de la capital de Santorini, Fira. El se ha desplomado drásticamente en la popular isla de Santorini.

Con todo, para mediados de julio, aunque se permitió la entrada de viajeros internacionales en todos los aeropuertos y puertos griegos —salvo de países de alto riesgo como Estados Unidos y Brasil—, la situación no parecía haber vuelto a la normalidad. Muchos visitantes extranjeros estaban volviendo a Santorini, pero el miedo al virus y las dificultades económicas impidieron que viniera tanta gente como de costumbre.

De conformidad a preocupación
Grecia ha sido alabada por su respuesta rápida y eficaz ante el nuevo . Inmediatamente después de que se confirmaran los tres primeros casos de el 27 de febrero y antes de registrar una sola muerte, las autoridades griegas empezaron a restringir las reuniones multitudinarias, incluidas aquellas en instituciones educativas y religiosas.

Para el 23 de marzo se habían restringido todos los desplazamientos no esenciales por el país, dando comienzo a un confinamiento total. Durante las seis semanas siguientes, la gente que quería salir de su residencia estaba obligada a enviar un mensaje de texto a un número de teléfono del gobierno con un código —un número del uno al seis— que indicara el motivo de su salida. Entre los motivos aceptados figuraban el viaje al lugar de trabajo (durante el horario laboral), ir a la farmacia o al supermercado, ir al médico y practicar ejercicio.

En gran medida, la población acató las medidas sin quejas. Pero con la llegada de la temporada turística del verano, esa conformidad se convirtió en preocupación. Más de un cuarto del PIB de Grecia procede del turismo y, para algunos, la idea de perder los esperados y necesarios ingresos que traen los millones de turistas que visitarían Grecia ese año resultaba aterradora.

«Hay que escoger entre morir de hambre y morir de coronavirus», dice George Koukoulas, un ateniense dueño de Mezedaki by Lordos, una taverna en el barrio de Kaisariani, conocido por sus restaurantes. Aunque a la taverna de Koukoulas le ha ido mejor de lo que esperaba este verano, las ventas ha caído mucho frente a otros años. «Esta es una zona con muchos Airbnbs, así que sin turistas no tenemos a tanta gente», cuenta.

La crisis de Lesbos
En la última década, la cantidad de turistas que visitan Grecia ha ido aumentando de forma constante, alcanzando un récord de 33 millones en 2018. Sin embargo, en los últimos años las cifras han caído en determinados lugares, como la isla de Lesbos, donde la actual crisis de refugiados ha ahuyentado a la mayoría de los visitantes anuales. Moria, el infame campo de refugiados y migrantes de Lesbos, ardió el 9 de septiembre y 13 000 personas se quedaron sin hogar.

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«La realidad de la isla nunca se ha mostrado correctamente en los medios», cuenta Aphrodite Vati, propietaria de un hotel y teniente de alcalde de Turismo en Lesbos. «Lo único de lo que se habla es de Lesbos y de Moria y de la crisis de refugiados y de toda esta desgracia pero, por otra parte, esta no es la realidad de la isla, solo de una parte de ella».

«De ningún modo pretendo minimizar las malas condiciones —las condiciones inhabitables— en las que vivía la gente en Moria», dice Vati, que ofreció voluntariamente su tiempo y sus recursos durante la peor parte de la crisis. Pero dice que «la gente tenía y aún tiene miedo a venir». Este miedo, junto al coronavirus, se ha traducido en que muchos negocios de la isla no han sobrevivido a la pronunciada caída del turismo.

Rayos de esperanza para algunos
Grecia prevé que el número de visitantes descenderá un 70 por ciento para finales de la temporada alta. Las islas como Santorini, Miconos y Rodas, que dependen del turismo de masas y de los visitantes internacionales, serán las más afectadas. Por su parte, islas como Ikaria, menos conocidas para los turistas extranjeros, podrían no sufrir tantas repercusiones.

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Ivanka Gancheva, de Bulgaria, lleva equipo de protección obligatorio mientras limpia las habitaciones en Canaves Oia, donde ha trabajado como limpiadora durante los últimos 14 años. Pese a las nuevas normas del gobierno, que exigen que los hoteles no presten este servicio, el hotel de lujo permite que los huéspedes elijan el tipo de limpieza que prefieren.
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Desislava Karaganska, también de Bulgaria, lleva una mascarilla en la recepción de Canaves Oia, un hotel de cinco estrellas donde ha trabajado desde 2010. Dice que la principal diferencia frente a otros años es que muchas de las reservas se hacen en el último minuto. Y que no hay huéspedes estadounidenses.

«No dependemos del turismo de masas ni de los turistas extranjeros», afirma Isidoros Plytas, cofundador y dueño de Ikaria Surf School. Este año, como más griegos viajan por su propio país, la isla ha recibido más visitantes griegos de lo habitual. «Como dependemos de los griegos, [el descenso del turismo] no nos ha afectado tanto».

En particular, los negocios de Ikaria que ofrecen deportes y actividades al aire libre se han visto menos afectados por la crisis, ya que, como explica Plytas, «muchos griegos han recurrido a la naturaleza y los deportes [durante el confinamiento]». En los años anteriores, la mayoría de los griegos visitaban Ikaria por las fiestas del verano; este año, han ido para explorar actividades alternativas, dice Plytas, cuya escuela de surf ha disfrutado de una buena temporada. «Me preguntaban por rutas de senderismo, por catas de vino y clases de ».

No hay mal que por bien no venga
La pandemia y la subsiguiente crisis del sector turístico han ofrecido la oportunidad de que Grecia reconsidere y reinvente su forma de hacer turismo: ¿cómo puede ser más sostenible y estar menos impulsado por el consumismo de masas? Según Ermogenis, responsable de la campaña Save Oia, que fomenta una experiencia turística más responsable en Santorini, hay varios aspectos a considerar durante este breve respiro de las multitudes habituales.

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Achilleas Aggelidakis, diseñador gráfico que trabaja en la cafetería Lygeris, en la localidad de Akamatra, en Ikaria.

Uno es la degradación del medio natural y el otro es la degradación [subsiguiente] de la experiencia que viven los turistas», afirma.

La cantidad de turistas que llegaban a Santorini un día cualquiera era tan elevada que muchos temían que la infraestructura y el ecosistema de la isla fueran incapaces de soportarlo durante mucho más tiempo. «Son cosas que tendrán que cambiar si Grecia va a seguir dependiendo del turismo como una de sus dos o tres principales fuentes de ingresos», señala Ermogenis.

A un trayecto de dos horas en ferri desde Santorini se encuentra Paros, la primera isla griega que ha intentado erradicar todos los residuos plásticos. En la vanguardia de esta lucha está Clean Blue Paros, una iniciativa dirigida por Common Seas.

«Incluso en un año con mucho más estrés e incertidumbre financiera, hemos aumentado la cantidad de negocios que han pasado a formar parte de Clean Blue Paros», afirma Zana Kontomanoli, gestora de proyectos.

Kontomanoli dice que cree que la pandemia ha sido responsable en gran medida de que más empresas y particulares decidan formar parte de la iniciativa. La gente que antes estaba demasiado ocupada para implicarse durante la temporada alta del año pasado, ha «tenido más tiempo para que les expliquemos los cambios que esta iniciativa podría suponer para sus negocios», cuenta.

«Ha sido una oportunidad increíble», dice. «Nos ha dado tiempo a relajarnos y ver cómo podrían cambiar las cosas».

Fahrinisa Campana es una periodista autónoma afincada en Atenas y Nueva York que escribe sobre género, migración y derechos humanos. Síguela en .
Loulou d’Aki es una fotógrafa y artista visual sueca que vive en Grecia y Suecia. Síguela en .
Este reportaje ha contado con el apoyo del COVID-19 Emergency Fund for Journalists de la National Geographic Society.