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Ciencia y Tecnología

Los enormes cañones de hielo en forma de espiral de Marte son jóvenes y se formaron por erosión

Modelo digital de elevaciones en el que se muestra un sector del este del sistema de cañones.

Cristina Flores

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Modelo digital de elevaciones en el que se muestra un sector del este del sistema de cañones. (Imagen: MOLA Science Team, MSS, JPL, NASA)

Una indagación presente da contestación a eso que fue un misterio a lo largo de décadas: los principios y la manera del sistema de cañones de hielo en el casquete polar norte de Marte, una de las más grandes megaestructuras del sistema solar.

La indagación, cuyos resultados se publican en la revista Nature Scientific Reports, explica los principios del sistema de cañones espirales excavado en el hielo del polo norte de Marte.

El hallazgo involucra que los cañones son una de las más grandes megaestructuras en el sistema solar, con un volumen total excavado del orden de 10 veces el Cañón del Colorado”, apunta José Alexis Palmero Rodríguez, investigador del PSI que ha dirigido el análisis. “La emergencia del jefe espiral ha sido gracias a intersecciones de los cañones, según crecían, sobre la geometría a modo de domo del casquete polar”.

“Los cañones se formaron entre ciertos millones de años y 50.000 años, a lo largo de lapsos en los cuales Marte ha permanecido constantemente en condiciones de congelación.

“Una de las primordiales repercusiones de esta indagación es que dichos cañones han podido dejar expuesto en los muros excavadas en el hielo un registro paleo-climático que podría cubrir ciertos centenares de millones de años”, destaca Zarroca.

“Disponer de un registro de ciertos centenares de millones de años, aquí, habría autorizado averiguar el hielo de la era en que los dinosaurios aún poblaban la Tierra, lo cual podría contribuir a despejar las incógnitas que rodean la mega-extinción que ocurrió hace unos 66 millones de años”, muestra José Alexis Palmero Rodríguez.

Ciencia y Tecnología

Hacia la era de las células solares orgánicas

Las células fotovoltaicas más populares en la actualidad, basadas en la tecnología del silicio, son rígidas, requieren una sofisticada y costosa infraestructura para fabricarlas y tienen elevados costes de eliminación cuando llegan al final de su vida útil.

Cristina Flores

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Parte de un sistema láser de pulsos ultracortos utilizado por los investigadores en el Departamento de Física del Politécnico de Milán en Italia para estudiar las células fotovoltaicas. (Imagen: Politecnico di Milano)

Las células fotovoltaicas más populares en la actualidad, basadas en la tecnología del silicio, son rígidas, requieren una sofisticada y costosa infraestructura para fabricarlas y tienen elevados costes de eliminación cuando llegan al final de su vida útil.

Una alternativa para sustituir al silicio en el futuro son las células solares «de plástico», en las que una mezcla de dos semiconductores orgánicos, un donante y un aceptor de electrones, absorbe la energía de la luz y la convierte en energía eléctrica. El uso de sustancias orgánicas aporta varias ventajas, como una tecnología más sencilla, menores costes de producción y de eliminación, flexibilidad mecánica y acceso a la diversidad química de los materiales orgánicos.

Sin embargo, los materiales orgánicos tienen una física más compleja que la de los materiales inorgánicos cristalinos (como el silicio), sobre todo en lo que respecta a los procesos de transferencia de carga en las interfaces donante-aceptor, que provocan pérdidas de eficiencia.

Tras cuatro años de trabajo, un equipo internacional que incluye a Franco V. A. Camargo y Giulio Cerullo, ambos del Instituto de Fotónica y Nanotecnología de Milán en Italia, han conseguido crear células solares con nuevos materiales en los que se minimizan las pérdidas relacionadas con las interfaces. Examinando a fondo estos materiales mediante pulsos láser ultracortos, han identificado las razones físicas de este excepcional rendimiento, gracias a lo cual han podido presentar un modelo general de optimización válido para otras combinaciones de materiales.

Las futuras células fotovoltaicas fabricadas con tecnología orgánica serán una fuente de energía más barata y con menor impacto medioambiental. Además, podrán incorporarse a diversos objetos cotidianos, como ventanas, coches o incluso ropa, gracias a su flexibilidad mecánica.

La principal fuente de energía de la Tierra es la luz solar, que proporciona diariamente unas 100 veces más energía de la que necesita la humanidad, lo que sitúa a las tecnologías fotovoltaicas entre las más prometedoras para el futuro.

Los detalles técnicos de los avances logrados por el equipo de Camargo y Cerullo aparecen, bajo el título de “Adjusting the energy of interfacial states in organic photovoltaics for maximum efficiency”, en la revista académica Nature Communications. (Fuente: NCYT de Amazings)

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